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El Cipitillo o Cipitío

El Cipitillo

El Cipitío también conocido como Cipitillo, era hijo de la Sihuanaba, que en un principio era conocida como Sihuehuet (Mujer hermosa). Cuenta la leyenda que esta mujer traicionó de forma infiel al Dios Sol, con el Dios Lucero de la Mañana, por lo que el dios Tlaloc condenó tanto a la madre como al hijo. A la madre la condenó a ser una mujer errante y al niño a nunca crecer, y conservarse por siempre en la edad de diez años.

El Cipitío fue maldecido a quedarse como un cipote para siempre, aunque pasaran los siglos. Cuentan que hace algunos años, cuando nuestros abuelos eran jóvenes era mas común encontrar las huellas de un niño en las cenizas de la leña del horno, cualquiera pudiera pensar que es una travesura, pero… quizá no lo sea, a el Cipitío le encanta revolcarse entre la ceniza, y comer mucho de ella.

El Cipitío se caracteriza por ser pequeño y barrigón, tiene un enorme sombrero en su cabeza y sus pies los tiene al revés, por eso cuando intentan seguirlo se pierden en sus huellas.

El Cipitío es un personaje inofensivo, que no hace daño pero que si molesta con sus bromas y sus risas burlonas. Su espíritu es burlón, se esconde en los matorrales a las orillas de los ríos y quebradas para esperar a las muchachas bonitas que llegan a lavar o bañarse ahí. Cuando las ve, les dice unos piropos y les tira florcitas y piedritas, pero ellas no lo pueden ver.

Cuando el Cipitío se encapricha con una muchacha es difícil que se aleje, la solución para alejarlo es que la muchacha coma dentro de un inodoro, sentada en la tasa. Esto es porque el Cipitío odia los malos hábitos y por lo tanto se aleja rápidamente.

La Siguanaba

Siguanaba

La Siguanaba

Cuenta la leyenda que en uno de los pueblos de El Salvador había una muchacha muy pero muy hermosa que era pretendida en matrimonio por los mejores guerreros, los cuales querían casarse con ella. El nombre de esta muchacha era Cihuehuet o Sihuahuet y su belleza era tal que se le conocía en los caseríos cercanos. Cihuehuet era muy hermosa fisicamente pero era muy vanidosa y creída. Su vanidad era tal que cuando iba a lavar ropa al río, esta en vez de lavar, pasaba todo el rato viendo su hermoso rostro en el reflejo del agua. Hubo un momento en el que Cihuehuet contrajo matrimonio con uno de los mejores guerreros, algunos dicen que era el más valiente de la región. La cosa es que Cihuehuet quedó embarazada y dio a luz un niño. Ella se dio cuenta que su vida ya no iba a ser igual, ya no podría pasar tiempo en el río hablando con sus amigas, y sobre todo, viendo su reflejo en las limpias aguas del río, puesto que tendría que cuidar a su hijo. A Cihuehuet no le gustaba estar en casa ya que se desesperaba mucho y buscaba siempre la oportunidad de salir a hablar con sus amigas y preferiblemente al río para ver su rostro, mientras el niño se quedaba solo en casa ya que su papá tenía que pasar fuera todo el día. Cihuehuet se acostumbró tanto a dejar solo al niño que el niño del hambre se ponía a comer ceniza y cáscaras de plátano. Un día llegó a visitarles la mamá del esposo de Cihuehuet y encontró al niño solo en la casa y comiendo ceniza. Ella salió a buscarla y la encontró en el río hablando con sus amigas. La abuela del niño le dijo a Cihuehuet: “vengo de tu casa y he encontrado a mi nieto Cipitillo, comiendo ceniza. No dejes solo al niño, está muy chiquito“. La abuela se fue y regresó a los meses encontrando al niño en la misma situación. La abuela se enojó tanto que fue en busca del dios Tlaloc a pedirle consejo. Caminó mucho hasta que llegó a un gran nacimiento de agua. Allí espero la viejita, y como Tlaloc ya sabía a lo que iba, le dijo : “decíle a Cihuehuet que digo yo que ya no está solterita, que su vida ya ha cambiado. Que tiene un hijo y debe cuidarlo. Ese es mi deseo. Cualquier cosa me avisas“. La abuela del niño le contó a Cihuehuet y esta tuvo un poco de miedo con la advertencia pero, al poco tiempo se le olvidó y siguió haciendo lo mismo. La anciana fue nuevamente donde el dios Tlaloc, y le puso la queja de lo que había sucedido. Tlaloc se enojó mucho y dijo: “Ya es demasiado! Cihuehuet debe ser castigada! Yo, Tlaloc, dios de las aguas, ordeno que la bella Cihuehuet se transforme en una horrible mujer que de hoy en adelante se llamará Siguanaba. Deberá vivir a las orillas de los ríos y lavará ropa constantemente. De esta manera todo el tiempo verá su fea cara reflejada en el río.“ En el momento en que Tlaloc decía estas palabras, Cihuehuet allá en el pueblo sentía gran dolor en la cara y en el cuerpo. Quiso correr a su casa pero no pudo. Las piernas la llevaban hacia el río. Cuando llegó, una fuerza misteriosa la jaló, y al ver su cara reflejada en el agua dijo: “Ayyyyyyy!!! ¿quien es esa horrible mujer? (grito). ¡Soy yo! No puede ser! Ja, ja, ja ja!“ Cihuehuet, ahora convertida en la Siguanaba, se volvió loca y fue condenada a lavar ropa por la noche en los ríos para que siempre viera su horrible rostro. Algunos dicen que algunas veces se pueden escuchar sus horribles carcajadas a altas horas de la noche, y cautiva a los hombres. Si van acaballo, se les sube en el anca y les roza la espalda con sus pechos. Ellos al sentirla, voltean a ver su cara, y del susto se caen del caballo, pierden la consciencia por un rato, y cuando llegan a su casa van con fiebre, mucho miedo y temblando. También se cuenta que la Siguanaba se esconde detrás de los árboles de Guarumo y se comenta que en esta clase de árbol es donde ella se esconde en el día.
Carreta Chillona
La Carreta Chillona

Cuenta la versión popular que había un hombre, quien un 19 de marzo, para la fiesta de San Jose Las Flores en Chalatenango, en la que muchos llegaban al pueblo con su carreta para recibir la bendición del padre, un hombre decidió preparar la suya para hacer maldad.

Cuando el sacerdote pidió a las personas que alinearan las carretas para que recibieran la bendición, el hombre respondió al padre que no la había llevado para que la bendijera, porque ya estaba bendecida por el diablo. Acto seguido azotó a los bueyes sin piedad para intentar entrar a la iglesia con todo y carreta, pero estos se resistieron a entrar y lograron zafarse del yugo y la carreta salió calle abajo con todo y el hombre.

Entonces, el padre le dijo "Andarás con tu carreta por todo la eternidad". Desde entonces la carreta sin bueyes va bendecida por el diablo. Anda sola sin bueyes que la conduzcan, causando espanto con los chirridos metálicos que hacen sus ruedas. Se dice que la carreta se le aparece a las mujeres chismosas, revoltosas, criticonas y mentirosas. También llega a los pueblos en los que no hay amor ni armonía entre sus habitantes.

Cadejos

El Cadejo negro y el blanco

Las historias que describen una experiencia con el cadejo blanco siempre van acompañadas del cadejo negro. El primero es bueno y el segundo es como el diablo. Según los relatos, el cadejo se le aparece a las personas trasnochadoras. Si a un hombre se le aparece el cadejo blanco es porque es un fiel creyente, una persona buena, y les protege y defiende de los peligros del camino hasta que lleguen bien a sus hogares. En cambio el negro ataca a las personas que no tienen buen corazón.
No los muerde, solo los aruña y los deja mal heridos con altas fiebres hasta que en el lecho de
sus casas encuentran la muerte. Si la persona es acompañada por el cadejo blanco y les sale en el camino el cadejo negro, ellos pelean, saliendo siempre como ganador el cadejo blanco.
El cadejo negro es descrito como un perro pequeño con ojos rojos como brasas y hocico alargado, cuyos pasos suenan como las de una cabra. Si se escucha el sonido de estos pasos cerca, es porque está lejos y si se escucha lejos es porque está muy cerca, aunque no siempre lo logren ver las personas.

Sin cabeza
El padre sin cabeza

Existen dos versiones del padre sin cabeza. Una versión es que el cura murió en pecado mortal sin confesarse y por una pasión amorosa perdió la cabeza. Otra versión cuenta que es el alma de un padre que luchó en una revuelta junto con varios campesinos oprimidos que se habían revelado y que luego fue capturado y decapitado por las autoridades de su tiempo. La leyenda cuenta que sale atravesando las puertas de la iglesia del Rosario en San Salvador, todos los viernes del año. Sale a las 12 a caminar sobre la 6ta avenida, hacia el norte. Después recorre la calle donde estaba el cine Libertad, dobla la esquina entre la 6ta calle oriente y se dirige calle abajo.

Luego de recorrer media cuadra, desaparece y vuelve a reaparecer, entrando a la iglesia La Merced; ahí se le ve recorrer el atrio y atravesar la puerta cerrada de la iglesia. Las personas que le han visto aseguran que también sube al campanario. El padre sin cabeza no es un evento meramente capitalino, sino que también ha aparecido en Chinameca y Anamoros. En mas de una oportunidad lo han visto en San Vicente, Zacatecoluca y La Paz. Algunas personas aseguran haberlo visto durante el día en mas de una ocasión.